Unos 70.000 socios del Real Madrid están llamados a las urnas para elegir presidente del club. Por primera vez en dos décadas habrá más de una candidatura en unas elecciones presidenciales, con Florentino Pérez y Enrique Riquelme oficialmente proclamados como candidatos. La votación se celebrará el domingo 7 de junio en Valdebebas.
El voto por correo vuelve a asomar en las elecciones presidenciales del Real Madrid como esas viejas heridas que nunca terminan de cicatrizar. No porque votar por correo sea un problema. Al contrario. En un club con una masa social enorme, dispersa y global, debería ser una herramienta normal de participación. El problema, como siempre, está en las garantías. Y, sobre todo, en quién controla el camino entre el socio y la urna.
El antecedente de 2006 sigue pesando. Aquel proceso dejó una enseñanza incómoda para el madridismo institucional. El voto por correo no puede convertirse en un espacio de intermediación, captación, gestión por terceros o sospecha. La cuestión no era negar el derecho del socio a votar desde fuera del estadio. Era asegurar que ese voto fuera personal, libre, directo, secreto y verificable. Tan simple y tan complejo como eso.
Sobre Correos y notarios
Por eso llama la atención que, tantos años después, el debate siga girando alrededor de Correos y los notarios. Vicente Boluda ya lo dijo con una pregunta difícil de esquivar. “¿Por qué un sistema que vale para el voto en las elecciones generales no vale para el Real Madrid?”. Y añadió otra idea que hoy recupera actualidad. “Estamos alejando al club de los socios”. Puede discutirse el tono, pero no la pertinencia de la pregunta.

El Real Madrid es probablemente el club más rico, poderoso e influyente del mundo. Gestiona presupuestos gigantescos, lidera operaciones globales, explota un estadio convertido en activo estratégico y proyecta una marca universal. Por eso resulta difícil explicar que no pueda asumir un sistema de voto por correo a través de Correos, con identificación personal, registro, trazabilidad, custodia postal y entrega documentada. Si ese mecanismo sirve para elegir al Gobierno de España, parece razonable preguntarse por qué no sirve para elegir al presidente del Real Madrid.
La última decisión de la Junta Electoral no elimina el voto por correo notarial. Al contrario, lo mantiene y lo desarrolla. Permite la entrega presencial de documentación electoral al socio o incluso a una persona autorizada, y fija que los votos deberán remitirse exclusivamente al apartado postal habilitado por el notario del club. Además, advierte que no serán válidos los votos enviados a otro domicilio, oficina o incluso a la propia notaría.
La democracia interna también exige excelencia institucional
Sobre el papel, hay trazabilidad. Pero la confianza electoral no vive solo del papel. Vive también de la apariencia de neutralidad, de la transparencia del procedimiento y del equilibrio entre quien ya está dentro del aparato institucional y quien pretende competir desde fuera. En unas elecciones tan sensibles, convendría conocer con absoluta claridad quiénes integran la Junta Electoral, cuándo fueron nombrados, por quién y con qué criterios. También por qué el sistema descansa sobre el notario del club y no sobre un operador externo, universal y reconocible como Correos.
No se trata de insinuar fraude. Se trata precisamente de evitar que nadie pueda insinuarlo. El Real Madrid no puede permitirse que su democracia interna parezca más estrecha que su poder económico. Un club que presume de excelencia debe ser excelente también en sus procesos electorales.
El debate no es si el socio puede votar por correo. El debate es quién controla el camino entre el socio y la urna.


